Tradiciones navideñas poco comunes hay en cada rincón del mundo, pero pocas tan inesperadas como la de Japón, donde el menú de Nochebuena incluye pollo frito de KFC, o la de Oaxaca, donde cada 23 de diciembre las calles se llenan de esculturas hechas con rábanos. Suena raro, sí, pero detrás de cada una hay historia, ingenio y una manera muy particular de celebrar lo que para todos significa unión y alegría.
México no se queda atrás, puesto que, la temporada decembrina es mucho más que luces y villancicos. Aquí se mezclan raíces indígenas, fe católica y creatividad popular con las icónicas pastorelas, una representación teatral que cambia de tono según la región, con demonios, humor y una tradición que se mantiene viva desde el siglo XVI.
Y si miramos más allá, hay otras costumbres navideñas en el mundo que rompen cualquier expectativa y es justo eso lo que queremos mostrarte. Te contamos cuáles son esas celebraciones navideñas únicas que muestran cómo cada cultura transforma esta festividad en algo propio, de dónde vienen y por qué siguen vivas después de tantos años.
En México, la Navidad comienza oficialmente el 16 de diciembre con las posadas y, desde entonces, cada día está lleno de alegría, color, música y celebraciones que reflejan la mezcla de historia, fe y creatividad que caracteriza al país.
Si quieres pasar fechas decembrinas diferentes, dos celebraciones que no te puedes perder son la noche de rábanos de Oaxaca y las pastorelas, 2 tradiciones curiosas de Navidad que hacen de México un lugar especial en estas fechas, y que demuestran que aquí se vive una magia tan auténtica como cualquier Navidad diferente alrededor del mundo.
La Noche de los Rábanos es una tradición que se celebra cada 23 de diciembre. En esta, el Zócalo de la ciudad se transforma por completo con esta muestra única de tradiciones navideñas en México, donde un simple rábano se convierte en el protagonista de toda la celebración.

Su historia no comenzó en 1897, como muchos creen, de hecho se remonta a la época de la conquista española. Fueron los frailes dominicos quienes enseñaron a los indígenas zapotecos y mixtecos el cultivo de hortalizas traídas de España en los terrenos del pueblo de Trinidad de las Huertas.
El verdadero origen está en el mercado de la Vigilia de Navidad que se instalaba cada 23 de diciembre en la Plaza de Armas de la Vieja Antequera. Los horticultores de la Trinidad creaban figuras llamativas con rábanos adornados, coliflores y flores de cebollas tiernas para captar la atención de los compradores.
Con el tiempo, esas figuras dejaron de ser solo un recurso comercial para convertirse en el centro de la decoración navideña. Las amas de casa no solo buscaban comprar unos cuantos rábanos, ya que la atracción principal era estos y sus curiosas formas que darían ese tour especial a sus mesas durante la cena de Nochebuena.
Esta popularidad fue la que hizo que en 1897, el presidente municipal Francisco Vasconcelos decidiera organizar el primer concurso formal, sentando las bases a una práctica que, aunque ya llevaba siglos desarrollándose de manera espontánea entre los horticultores oaxaqueños, no era aún oficial.
Hoy, el concurso mantiene esa esencia pero con mayor profesionalismo, ya que los artesanos, (muchos de ellos familias enteras) trabajan con varias semanas de anticipación, usando rábanos de variedades específicas y tallando escenas que van desde el Nacimiento hasta leyendas zapotecas.
Además de apreciar este arte, durante tu visita puedes embriagarte con el olor a buñuelos, probar nieves tradicionales, mezcal o hasta jugar la lotería local “cotompinto” mientras disfrutas del ambiente.
Entre risas, villancicos y luces, en México se celebra cada diciembre una de las tradiciones más queridas: las pastorelas navideñas. Se trata de obras teatrales donde el bien y el mal compiten por conquistar a unos pastores rumbo a Belén.
Lo curioso de esta, una de las tradiciones navideñas en México más llamativas, es que se mezcla religión, picardía y costumbres locales en cada puesta en escena, convirtiéndose en una fiesta donde la fe se interpreta con humor y creatividad.

Las primeras pastorelas aparecieron en el siglo XVI, impulsadas por los franciscanos como forma de enseñanza. Fray Andrés de Olmos fue quien escribió una en náhuatl para que los pueblos indígenas pudieran entender la historia del nacimiento de Jesús a través de música y danza.
Con el paso del tiempo, la historia y las comunidades añadieron su propio toque, agregando al evento bromas, personajes pueblerinos, chistes políticos y hasta aspectos de la vida moderna con un toque de sarcasmo.
En cada función, los pastores inician su camino al pesebre, los diablos intentan desviarlos y los ángeles bajan a defenderlos. El resultado son escenas que dan mucha risa, improvisación y una lección sencilla, pero poderosa en la que el bien siempre vence al mal.
Durante los 90 min a 4 horas que pueden durar las pastorelas, conocerás a personajes como Bartolo y Gila, entre muchos otros, que con su inocencia y torpeza, hacen que todos en el público se sientan parte de la historia.
En lugares como Tepotzotlán, es donde se mantiene viva esta costumbre con pastorelas que combinan música, danza y tradición familiar, por lo que, si buscas una experiencia auténtica en diciembre, vivir una pastorela es la manera perfecta para sentir y celebrar el espíritu navideño al estilo mexicano.
Ahora vamos a la parte que es tan interesante como rara y es: cómo se celebra la Navidad en otros países.
Aunque nos vamos a centrar en Japón, Islandia, Australia y Alemania, para no dejarte con la curiosidad, te daremos unos datos curiosos de la Navidad en otros países como abreboca:

Ahora que ya tienes un pequeño abrebocas de las tradiciones navideñas poco comunes en otros países, vamos con unas bastante llamativas:
¿Te imaginas vivir una Navidad sin cena tradicional? Justo esto pasaba en Japón hasta 1970. No existía como tal un platillo navideño típico hasta qué, con la mejora en la economía del país y el interés por la cultura asiática, estadounidenses comenzaron a visitarlo como nunca lo habían hecho.
En fechas de diciembre, extranjeros al notar que no había pavo entre sus opciones comenzaron a buscar alternativas y fue entonces cuando Takeshi Okawara, el primer gerente de KFC en Nagoya, tuvo una idea que cambiaría para siempre cómo se celebra la Navidad en el país.
La campaña “Kentucky for Christmas” transformó el pollo frito en la cena navideña por excelencia. Hoy, las familias japonesas reservan su “Party Barrel” con semanas de anticipación y las ventas del 24 de diciembre superan 10 veces las de un día normal, con filas que dan la vuelta la esquina. Como dicen localmente: “es el día que nadie cocina”.
Lo que comenzó como solución para quienes extrañaban sus tradiciones se convirtió en una de las costumbres navideñas en el mundo más singulares. Donde no había herencia culinaria navideña, ahora reina el pollo crujiente acompañado de pastel de fresas, demostrando que las nuevas tradiciones pueden nacer de las necesidades más cotidianas.
Si crees que un Santa Claus es divertido, espera a conocer la tradición islandesa. Allí la Navidad es una cuenta regresiva llena de travesuras, con los populares Jólasveinar o lo que quiere decir “Muchachos de Yule”, trece personajes que visitan las casas de todos cada noche desde el 12 al 24 de diciembre.
Los niños islandeses siguen un ritual mágico: cada noche colocan un zapato en la ventana. Si se portan bien, reciben dulces; si no, ¡una patata podrida! Pero ojo, también deben estrenar alguna prenda navideña o la Jólakötturinn, una gata gigante legendaria, podría visitarlos y darles un buen susto.
Para que te hagas la idea de como es cada uno, te presentamos a los 13 hermanos más traviesos del norte:
Detrás de este grupo tan particular (o “troupe”, que significa compañía de artistas o personajes) está Grýla, su madre, una ogresa que según dice la leyenda, siempre está en busca de niños traviesos para su guiso y su esposo, Leppalúði, alguien muy, pero muy vago que prefiere quedarse en su cueva en Dimmuborgir (los famosos campos de lava del norte) mientras los demás hacen desastre.

Si quieres conocer dónde vivir esta experiencia, puedes ir a Reykjavík (la capital islandesa) al mercado navideño de Ingólfstorg que se llena de familias que buscan a los Yule Lads, al Museo al Aire Libre de Árbær, donde recrean encuentros con ellos, o en Dimmuborgir donde organizan caminatas navideñas siguiendo sus huellas.
Definitivamente, donde otros tienen un Santa, Islandia tiene toda una familia que convierte la Navidad en 13 días de magia y sustos divertidos.
¿Navidad en la playa? En Australia es la norma, ya que mientras el hemisferio norte se congela, aquí celebran con olas de calor y protector solar. Estas son de las tradiciones navideñas poco comunes más refrescantes, donde el pavo comparte espacio con los mariscos en la parrilla y los villancicos se cantan en traje de baño.
El 25 de diciembre encuentra a las familias australianas en la playa o en el jardín trasero. Las barbacoas son el punto de reunión, con parrillas que preparan langostas, pescado, y hasta el tradicional pavo, pero con su toque aussie: a la brasa. El postre infaltable es la Pavlova, ese merengue crujiente con frutas frescas que es ideal para el clima cálido.

Los eventos masivos al aire libre definen la temporada. Los “Carols by Candlelight” reúnen a miles en parques públicos para cantar villancicos bajo las estrellas del verano. Y en el Boxing Day (26 de diciembre), la atención se divide entre la famosa carrera de yates Sydney to Hobart y el tradicional partido de cricket.
En la playa Bondi de Sídney verás familias abriendo regalos en la arena. En Melbourne, los jardines botánicos acogen pícnics navideños, y en Adelaide los mercados nocturnos se llenan de comida callejera festiva.
Así que sí, es una de esas tradiciones navideñas poco comunes donde el trineo de Santa bien podría ser una tabla de surf. Una Navidad un tanto diferente que demuestra que la magia de estas fechas se adapta a cualquier clima, ¡incluso bajo el sol y la arena australiana!
Si buscas tradiciones navideñas poco comunes que han resistido el paso del tiempo, los mercados de Alemania son justo esto. No son simples ferias, sino pueblos temporales que transforman ciudades enteras en escenarios que parecen sacados de un cuento, donde el olor a castañas asadas y canela se mezcla con el sonido de villancicos que tienen cientos de años.
El Christkindlesmarkt de Núremberg es el mercado tradicional más emblemático. Su origen data del siglo XVII, y en él cada año el Christkind (una mujer joven elegida con figura angelical vestida de dorado) inaugura las festividades desde el balón de la iglesia de Nuestra Señora. Este mercado es famoso por sus panes de jengibre, juguetes de madera tallada y las clásicas salchichas Bratwurst.
Pero Núremberg es solo el comienzo. El Striezelmarkt de Dresden, fundado en 1434, es el más antiguo del país y en este puedes presenciar el festival del Stollen que tiene como protagonista un pastel gigante que es todo un espectáculo.
Mientras tanto, en Colonia, los mercados se despliegan alrededor de la catedral gótica, con más de 160 puestos ofreciendo artesanías y la cerveza local Kölsch.

Durante Navidad, cada ciudad alemana ofrece una experiencia única:
La magia está en los detalles de cada sitio, pues en Múnich probarás el Feuerzangenbowle (ponche con ron), en Leipzig admirarás su rueda de la fortuna histórica, y en Heidelberg combinarás el mercado con visitas a castillos nevados.
Para vivir esta experiencia como local te sugerimos llevar ropa abrigada, aprender algunas frases básicas en alemán, no olvidar el seguro de viaje y ¡fotografía todo lo que puedas! Pues es de esas experiencias que se vive muy pocas veces.
No hace falta viajar al otro lado del mundo para sentir la magia de tradiciones navideñas originales, pero sí se necesita un poco de creatividad y ganas de vivir experiencias distintas.
Puedes empezar adoptando pequeños rituales en familia, es decir, contar historias de Navidades pasadas, preparar decoraciones caseras o probar recetas inspiradas en celebraciones de otros países. Estos gestos crean recuerdos, fortalecen los lazos familiares y permiten que todos se sientan parte de algo único.
Otra forma de dar un giro a tus festividades es sumarte a actividades comunitarias o culturales, como asistir a pastorelas locales, ferias navideñas, mercados navideños o incluso recrear costumbres curiosas de otros lugares, como probar un menú diferente inspirado en Japón o preparar un postre típico alemán.
También puedes experimentar con juegos y tradiciones nuevas en casa, como inventar un concurso de decoración familiar o intercambiar “regalos sorpresa” con reglas divertidas, que se conviertan en recuerdos especiales.
Incorporar nuevas costumbres significa adaptarlas a tu día a día: no necesitas grandes producciones, solo tiempo, ganas de compartir y un poquito de imaginación. Desde leer un cuento navideño, organizar un pequeño taller de manualidades, preparar un platillo especial o incluso inventar una versión propia de las pastorelas, todo suma para que cada diciembre tenga un toque auténtico y memorable.
Al final, ya sea viviendo la Navidad en México y el mundo o creando tus propias tradiciones, lo importante es disfrutar, conectar con tus seres queridos y celebrar de manera significativa.
¡Haz de estas fiestas una experiencia distinta, llena de alegría y creatividad!